La devoción a María a través de los siglos se manifiesta más allá de las obras de arte arquitectónicas. El visitante descubrirá numerosos objetos de arte sacro, dedicados al culto.

El Museo de Fourvière expone el Tesoro de la basílica, una muestra muy representativa de la orfebrería de los siglos XIX y XX, con piezas de artistas parisinos (Froment-Meurice) y lioneses (Armand-Calliat).

La mayor parte del Tesoro data de la construcción de la basílica, a finales del siglo XIX. Muchas familias lionesas, a veces muy modestas, acudían a la Comisión de Fourvière para aportar una ofrenda para la construcción de la iglesia votiva, como dinero, objetos de orfebrería, piedras preciosas, bordados de oro, etc.

Los donativos se han perpetuado hasta nuestros días, en agradecimiento de una oración atendida, una curación o un “milagro”. Algunas importantes personalidades políticas o eclesiásticas también han contribuido a enriquecer el Tesoro de la basílica. El cardenal Fesch, tío de Napoleón I y arzobispo de Lyon, y Napoleón III han sido de los más célebres. La gran diversidad de donantes otorga al Tesoro un carácter inestimable, que va mucho más allá de su valor material.

Para honrar esos donativos y no desvirtuar la finalidad de los objetos, se utilizan con frecuencia para la liturgia y las grandes ceremonias del año. Así, cada 8 de septiembre, en la conmemoración del voto de los escabinos, el arzobispo de Lyon bendice la ciudad con el ostensorio de Fourvière, obra esencial del orfebre Armand-Calliat.